Un procedimiento civil suele seguir varias fases: preparación de documentación, presentación de demanda, admisión, contestación, audiencia previa (si procede), juicio y sentencia. En cada etapa hay plazos que deben cumplirse con precisión, y ahí el control diario del expediente es fundamental. Una buena coordinación entre abogado y procurador ayuda a que el procedimiento se mantenga “vivo”, evitando retrasos por falta de trámite o errores formales.